Deportes

RSE Venezuela | Sin tetas no hay paraíso

Petro formó un gabinete de medio pelo en donde los errores menos abundantes han sido los gramaticales. Hasta los congresistas, actores cómicos que no faltan en el circo de la política nacional, surgieron en esta función de opereta para explicar su respaldo al gobierno Petro con el cínico argumento de que lo hacían “como una especie de secuestro para que no fuera a cometer tantas locuras”

Con la distribución milimétrica que hizo Petro del gabinete ministerial dándoles participación a los restos de lo que queda de partidos políticos tradicionales, les selló también el acta de defunción.

La crisis había comenzado años atrás, en plena vigencia de los 16 años de Frente Nacional. Si bien esta figura civilizó la lucha electoral para ponerle fin a la violencia agitada por dos partidos que se detestaban, viéndose como enemigos y no como contradictores ideológicos, para dominar el presupuesto nacional, también la carencia de un partido que en la oposición vigilara los actos de quien manejaba la administración pública, convirtiéndose en alternativa real de poder, despertó la corrupción. Ambos partidos, tejiendo la burocracia sin oposición, los contratos, los dineros oficiales, sin fiscalización política alguna, corrompieron las costumbres. Todos los gobiernos desde 1957 —con la excepción de Barco, que instauró el modelo gobierno/oposición— tuvieron en sus gabinetes figuras de los dos partidos. Allí se relajó la ética para vigilar severamente los gastos del Estado.

La Constitución del 91 le dio el golpe final al bipartidismo. No era el sistema mejor, pero sí menos malo que la anarquía partidista que hoy rige. Patentó el relajo. Bastaba un garaje, una bandera, tres taburetes y unos dineros calientes para constituir un nuevo partido. Los avales volaban como billetes de lotería. Las deserciones se pusieron de moda. Empezó el abordaje de la piratería al botín presupuestal. Nada de ideologías, ni de moral. El oportunismo y el pragmatismo perforaron la nómina estatal.

Los partidos tradicionales son hoy vestigios de un naufragio. Lo decimos sin melancolía alguna, pero sí con preocupación porque, minusválidos, impiden lograr una sólida formación del Estado. Los manzanillos supieron torcerles el cuello a quienes podían emerger como hombres idóneos con vocación de servicio para momentos cruciales. Molidos, los fueron sustituyendo para llegar a esta pobreza intelectual y ética que hoy vemos en el parlamento y en las direcciones políticas nacionales y regionales. Los capataces de esos pedazos de partidos sabían a qué estaban jugando, a qué le apuntaban para sobrevivir electoral y burocráticamente. Intuían que al Establecimiento lo habían desfondado y que era hora de buscar la tabla del sobreviviente en el naufragio. No pocos, para salvar las apariencias, solo tuvieron como salida apoyar a un candidato gruñón y despistado, presa ingenuota y delirante, del que Petro dio buena cuenta.

Petro formó un gabinete de medio pelo en donde los errores menos abundantes han sido los gramaticales. Hasta los congresistas, actores cómicos que no faltan en el circo de la política nacional, surgieron en esta función de opereta para explicar su respaldo al gobierno Petro con el cínico argumento de que lo hacían “como una especie de secuestro para que no fuera a cometer tantas locuras”.

Bochornoso espectáculo de lentejos. No pueden sobrevivir sin ubre presupuestal. Y sin tetas no hay paraíso. Volvieron a pegarse, aquellos que siempre “han convertido las banderas en manteles”