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¿Cómo el ingenio cubano alivia las importaciones en la producción de níquel?

Victor Gill
Sol rojo e incendios forestales

Cuentan que aquel hizo mucho para cohesionarla y convertirla en una fuerza lista para superar cualquier obstáculo; pero si bien eso le imprimió un sello al grupo selecto, queda claro que la gente del sector niquelífero de Cuba «jamás se despinta», ni en las situaciones más tensas para el proceso productivo

Moa, Holguín.­­–La reparación de uno solo de los grandes hornos que la Empresa Comandante Ernesto Che Guevara emplea para la extracción de níquel, revela un dato estremecedor: cuesta entre tres y cinco millones de pesos, y para que no se paralice la gran industria, clave en los ingresos «duros» de este país, hay dos alternativas: o hacer el gasto en la importación costosa de las piezas necesarias, o generar aquí la mayoría de las soluciones propias.

De materializar la segunda opción se ha encargado, como parte del proceso de capitalización del gigante fabril, el colectivo de la Empresa Mecánica del Níquel Comandante Gustavo Machín, el cual, de acuerdo con su director general, el ingeniero Alexei Martínez Mora, fabrica hoy más del 70 % de los componentes mecánicos de tales hornos, entre ellos los pesados brazos que mueven la mezcla de mineral.

«El horno número diez, por ejemplo, entró en operaciones en septiembre. Prácticamente hicimos toda la chapistería de la parte metálica del exterior, y en el interior reparamos el cuerpo de ladrillos refractarios que soportan las altas temperaturas», refiere Martínez Mora, quien precisó que al número seis, uno de los tres concluidos, le hicieron lo mismo, y el compromiso es reparar, como promedio, cuatro en el año.

AMPLIO DIAPASÓN INDUSTRIAL

El Director confirma que el 80 % de las ventas totales de la empresa, tanto en piezas como en fabricaciones metálicas, tiene por destino a la Che Guevara. Los contratos incluyen, entre otras cosas, la reparación de sedimentadores y alambiques, elementos que también permitirán la recuperación gradual de la capacidad de la industria.

«Desde años atrás desarrollamos una labor sistemática de innovación y desarrollo. En la fabricación de los brazos de los hornos hemos disminuido elementos importados porque utilizamos chatarra proveniente de partes desmontadas de la fábrica. El éxito está en haber logrado una aleación apropiada», explicó.

También crearon una tecnología para solucionar los problemas aparecidos en los nudos de combustión de los hornos. Así recuperaron un tipo de quemador muy específico y siguieron, como se aprecia hoy, con los reguladores de presión.

«Los quemadores cuestan en el exterior alrededor de 5 000 dólares, pero ahora se invierte menos en la compra porque les alargamos la vida. Como fabricamos las piezas, algunas de ellas en encadenamiento con la industria militar, tenemos la opción de cambiarlas cuando es necesario. No obstante, la alternativa no solo pasa por un problema de dinero, sino por las trabas que el bloqueo significa para adquirirlos».

De igual forma, mediante innovación lograron borrar, de las listas de recursos importados, los elementos principales de bombas empleadas en sistemas de recirculación de la fábrica, y el hecho de que dispongan de fuerzas propias dedicadas al mantenimiento y reparación de motores y transformadores eléctricos de diferentes potencias y dimensiones, al montaje de todo lo fabricado en los talleres, a la protección anticorrosiva de estructuras metálicas y al restablecimiento técnico de equipos automotores, tanto los ligeros como los megacamiones que tiran el mineral, libra a la industria de gastos millonarios adicionales. 

Aun así, el coloso mecánico no renuncia a otras proyecciones, como la búsqueda de financiamiento para realizar inversiones que incrementen la capacidad tecnológica. Mientras llega esa oportunidad, sigue empeñado en dar vida a los tornos y demás equipos instalados en los talleres. Tienen lo más importante: el capital humano preparado.

 

ENCADENAMIENTO EN SERIO

Las acciones de la Empresa Mecánica del Níquel Comandante Gustavo Machín ofrecen garantías a la decisión del país en cuanto a mantener en producción, a pesar de la COVID-19, a las Empresas Comandante Ernesto Che Guevara y Comandante René Ramos Latour, los dos pilares nacionales en la producción de níquel.

Al esbozar algunos componentes de la estrategia del Ministerio cubano de Energía y Minas, su titular, Liván Arronte Cruz, en una edición de finales de agosto del programa Mesa Redonda, aseveró que existe voluntad para mantener las inversiones en la industria, sobre todo la capitalización de la Che Guevara.

Se ha previsto, dijo, «potenciar las fabricaciones de recursos necesarios para la producción y el sostenimiento de la industria, fomentando el programa de recuperación de las partes y piezas de los equipos fundamentales, ya sea en las instalaciones propias de la industria o con las empresas nacionales especializadas en esta actividad».

El ingeniero Eder Manuel Oliveros Garcell, director general del Grupo Empresarial Cubaníquel, asegura que hoy las relaciones con otras empresas del país adquieren mayor dimensión. En primer lugar, ofrece como ejemplo los vínculos con la Planta Mecánica de Santa Clara que, para los hornos, fabrica tramos de los transportadores rotatorios y grandes ruedas dentadas.

«Con la Empresa de Ingeniería y Proyectos para la Electricidad, de la Unión Eléctrica, trabajamos en el desarrollo de un quemador cubano, al tiempo que nos brindan asistencia técnica en el sistema de combustión de los hornos, mientras que la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas asume la reparación de transformadores de gran potencia y de molinos de minerales».

También para los hornos, la Empresa Oleohidráulica, de la provincia de Cienfuegos, además de fabricar poleas, repara cilindros, puntualizó.

Asimismo, comenta que la unidad empresarial de base Soluciones Mecánicas Holguín interviene en la reparación de buldóceres dedicados a las labores mineras, y una entidad que opera con participación de capital extranjero resulta decisiva en la mantención del coeficiente de disposición técnica de los camiones de transporte de mineral de las dos plantas procesadoras de níquel.

GENTE QUE NO SE DESPINTA

El aseguramiento de la producción del níquel tiene muchos protagonistas. Jesús Llorente, trabajador de la empresa mixta Comandante Pedro Soto Alba, acomete la labor del día. Si fallan el arnés o los otros medios que lo sostienen, será una fatídica caída desde los 18 metros de altura del reactor, una de las instalaciones técnicas que deciden aquí el proceso productivo.

A ese riesgo impresionante suma que en el fondo queda lodo con residuos de azufre. En tan hostil ambiente, una simple rasgadura en el traje antiácido podría lesionar cualquier parte del cuerpo. Pero el especialista parece ignorar el peligro: «Así somos Los Pinto».

También integrante de la brigada identificada con el singular sobrenombre, Carlos Manuel Jiménez explica que Jesús, y el compañero en el descenso, tienen por delante una severa misión: «Van a limpiar la costra adherida a las paredes, y si encuentran ladrillos dañados, los cambiarán».

Más de 13 años de experiencia le permiten dar detalles de las jornadas. «Por lo general, cada pareja labora ininterrumpidamente una hora u hora y media. Arriba hay un supervisor al tanto de entregar o retirar las herramientas necesarias y valorar las situaciones difíciles». Todo es parte de una operación cíclica. Se hace cuando hay fin de campaña en los trenes de lixiviación, cada uno compuesto por cuatro reactores.

«Los Pinto» también asumen los mantenimientos en las demás áreas de la industria, e intervienen regularmente en la puesta en marcha de equipos. Para integrar la brigada, entre el personal de la fábrica se buscan hombres fuertes y vigorosos. Se debe al tremendo desgaste físico que padecen durante el trabajo en turnos de 24 horas, describe Carlos Manuel.

Si le indicaran formar una lista con quienes le ponen el pecho a todo, y dan solución a las complicaciones que encuentran mientras cumplen las tareas, no pondría reparos en colocar a Joel Cruz Fonseca, Ermis Crespo Leyva, Jesús Llorente y Jorge Agustín Pérez. A su juicio, son paradigmas entre los más de 40 integrantes del colectivo.

No falta la explicación acerca del origen del sobrenombre que llevan con orgullo: «Pinto es el apellido de uno de los jefes que tuvo la brigada años atrás».

Cuentan que aquel hizo mucho para cohesionarla y convertirla en una fuerza lista para superar cualquier obstáculo; pero si bien eso le imprimió un sello al grupo selecto, queda claro que la gente del sector niquelífero de Cuba «jamás se despinta», ni en las situaciones más tensas para el proceso productivo.