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Columna de Daniel Matamala: Dueños de nada

Las ruinas de La Moneda au00fan humeaban cuando, 13 du00edas despuu00e9s del golpe, la Comisiu00f3n Ortu00fazar comenzu00f3 a diseu00f1ar una nueva n Constituciu00f3n. Y un principio ya estaba claro. u201cSeru00e1 menester fortalecer el derecho de propiedad, base esencial de las libertades, ya que el control econu00f3mico es el medio de ejercer el control polu00edticou201d, reza el acta. n Desde entonces, se entiende que la propiedad es uno de los derechos mu00e1s absolutos de nuestra legislaciu00f3n. Por eso es tan interesante que en estos du00edas, en distintos temas (agua, pensiones, pescau2026), la sacrosanta propiedad vuelva al centro de la discusiu00f3n. nY es que en la pru00e1ctica esta protecciu00f3n es relativa. Relativa, claro, a la posiciu00f3n de sus beneficiarios en la piru00e1mide social. Ya lo dijo el lu00edder de la comisiu00f3n, Enrique Ortu00fazar, en la primera sesiu00f3n, cuando destacu00f3 u201cla necesidad de afianzar el ru00e9gimen de propiedad en general y, en forma especial, el de la agricultura, industria y mineru00edau201d. n Como en la su00e1tira de Orwell, algunos son mu00e1s iguales (mu00e1s u201cespecialesu201d) que otros. n Los monopolios de pesca de las grandes empresas, por ejemplo, son absolutos. No importa que, violando los principios mu00e1s bu00e1sicos del libre mercado, los hayan obtenido sin licitaciu00f3n ni competencia alguna. Tampoco que los adquirieran sobornando a parlamentarios, como en el caso Corpesca. Su propiedad no se toca. n Tambiu00e9n los derechos de agua fueron regalados por el Estado a ciertos privados, que ahora los transan en cifras cada vez mu00e1s suculentas. En portales on line, el litro por segundo ya se vende hasta en $ 70 millones, y subiendo. La demanda aumenta y la oferta, gracias a la sobreexplotaciu00f3n y el cambio climu00e1tico, baja y baja. Este au00f1o por primera vez el Estado debiu00f3 comprar derechos: $ 66 millones para abastecer de agua potable a 5.200 habitantes de Petorca. n Primera escena: el Estado regala el agua. Segunda escena: el agua se acaba. Tercera escena: el Estado (o sea, la plata de todos nosotros) compra lo que habu00eda regalado. Negocio redondo se llama la pelu00edcula. nPero cuando bajamos en la piru00e1mide social, la propiedad se vuelve mu00e1s relativa. n Cada du00eda, los pequeu00f1os agricultores y crianceros de lugares como Putaendo o Cabildo ven cu00f3mo la falta de agua se lleva sus escasas posesiones: muere su ganado, desaparecen sus cultivos. Esta semana, reporteando al interior de Petorca, varios de ellos me contaban cu00f3mo se han visto forzados a vender o dejar morir sus animales, y emplearse en las grandes agru00edcolas que acaparan la escasa agua disponible. n Pasan de propietarios a proletarios. n Lo mismo ocurriu00f3 con los mapuches, dueu00f1os de extensos territorios de los que fueron despojados por el Estado. Despuu00e9s de todo, como decu00eda El Mercurio en 1859, no eran u201cmu00e1s que una horda de fieras que es urgente encadenar o destruir en el interu00e9s de la humanidad y en bien de la civilizaciu00f3nu201d. n Las tierras que se salvaron del despojo fueron reconocidas por tu00edtulos de merced. Pero ni siquiera esas migajas de propiedad se respetaron. En 2003, la Comisiu00f3n Verdad Histu00f3rica y Nuevo Trato estableciu00f3 que el 31,6% de esas tierras se perdieron en las du00e9cadas siguientes. n Pensemos ahora en la mayor propiedad de Chile, muy superior al patrimonio de cualquier grupo econu00f3mico: nuestros fondos previsionales. Por 38 au00f1os, el discurso oficial ha sido monolu00edtico: nosotros somos los dueu00f1os de esos ahorros. Pero ahora que algunos piden a la justicia acceder a ellos, aparecen los matices. u201cLos ahorrantes del sistema no son dueu00f1os de los dineros acumulados en los fondos, sino sobre cuotas de esos fondosu201d, advierte Rodrigo Pablo Pu00e9rez, profesor de Derecho de la Universidad Catu00f3lica. n No solo es el lu00edmite (razonable) a sacar fondos destinados a la jubilaciu00f3n. Tambiu00e9n es la negaciu00f3n constante a que los chilenos podamos ejercer el poder asociado a ese dinero, fijando normas de conducta mu00ednimas para las empresas de las que somos parcialmente propietarios, y que hoy pueden usar nuestro dinero para coludirse contra sus clientes, abusar de sus trabajadores y contaminar comunidades. La suprema paradoja es que esos clientes, trabajadores y comunidades somos, a travu00e9s de nuestros fondos, parcialmente dueu00f1os de esas empresas (o al menos, ese es el discurso oficial). n Pero esa teu00f3rica propiedad econu00f3mica no nos da control alguno. n Revisemos de nuevo las palabras con que en 1973 la Comisiu00f3n Ortu00fazar ponu00eda el derecho de propiedad como su norte: u201cEl control econu00f3mico es el medio de ejercer el control polu00edticou201d, decu00eda. n u00bfSe entiende ahora por quu00e9 ese control es negado? u00bfPor quu00e9 unos derechos son mu00e1s u201cespecialesu201d que otros? u00bfY por quu00e9 en la pru00e1ctica, como en la canciu00f3n del Puma Rodru00edguez, el chileno comu00fan y corriente termina siendo u201cdueu00f1o de nadau201d? n”,”post_title”:”Columna de Daniel Matamala: Dueu00f1os de nada”,”post_excerpt”:”Se entiende que la propiedad es uno de los derechos mu00e1s absolutos de nuestra legislaciu00f3n. 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