Economía

  Las elecciones en Mozambique, un termómetro del éxito de su proceso de paz

Las elecciones generales que Mozambique celebra el próximo día 15, en las que el presidente Filipe Nyusi opta a un segundo mandato, se presentan como un termómetro para medir el éxito del acuerdo de paz firmado el pasado agosto.

Esos comicios, los sextos en Mozambique desde su independencia de Portugal en 1975, serán los primeros sin Afonso Dhlakama, el histórico líder de Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo), principal partido opositor, quien falleció en mayo del año pasado.

También tienen lugar después de que Nyusi, jefe del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) y favorito para vencer en los comicios, y su principal adversario electoral, Ossufo Momade (sucesor de Dhlakama), firmaran un acuerdo de paz este 6 de agosto.

Ese pacto es el tercero desde el fin de la guerra civil (1977-1992), que causó la muerte de alrededor de un millón de personas.

“Con este acuerdo venimos a decir que podemos entrar en desacuerdo, pero que siempre recurriremos al diálogo para resolver nuestras diferencias”, aseguró el presidente sobre un pacto, aplaudido por la comunidad internacional, que ha de garantizar que “nunca más Mozambique debe ser escenario de guerra”.

“Acabamos de abrir una nueva página” , aseguró Momade, quien tomó el relevo de una labor comenzada por Dhlakama, firmante de los dos acuerdos de paz anteriores (1992 y 2014).

El líder opositor también hizo hincapié en que se abre una etapa de “alternancia gobernante a través de elecciones libres, justas y transparentes”.

Renamo, de tendencia derechista e instigada por los servicios secretos de Sudáfrica y la antigua Rodesia (Zimbabue), rechazó el resultado de las elecciones de 2014, que ganó Nyusi; y retomó el enfrentamiento armado que mantiene desde hace más de cuarenta años con Frelimo, antigua guerrilla marxista que gobierna desde 1975.

Nuevo pacto El nuevo pacto exige el desarme inmediato y la reintegración en la sociedad de unos 5.000 combatientes de Renamo, si bien pocos rebeldes han entregado las armas; y contempla la inclusión de oficiales opositores en puestos de dirección en el Ejército.

Como parte de las negociaciones de paz, Mozambique modificó la Constitución para que los gobernadores de las diez provincias del país sean elegidos en los comicios del martes (en los que también se renueva la Asamblea de la República) y no, como se hacía hasta ahora, designados por el partido gobernante.

Se espera que ese cambio permita a Renamo ganar varios gobiernos provinciales en las regiones del centro y el norte, donde cuenta con gran apoyo.

El último acuerdo de paz “es el paso más decisivo dado hasta ahora para acabar con un conflicto de baja intensidad pero persistente que empezó en 2013”, como opina en un artículo reciente Justin Pearce, profesor asociado de Estudios y Política Internacionales en la Universidad de Cambridge.

Sin embargo, como también advierte Pearce, el pacto debe superar pruebas como la transparencia de las próximas elecciones y la división interna de Renamo, donde una facción disidente llamada Junta Militar de Renamo cuestiona el liderazgo de Momade.

De hecho, el teniente general Mariano Nhongo, líder de la Junta Militar de Renamo y antigua mano derecha de Dhlakama, ha amenazado con impedir la celebración de las elecciones del 15 de octubre.

En ese contexto, Nyusi, de 60 años, ha asegurado en la campaña electoral que el programa de Frelimo prioriza “la unidad nacional, la paz, la reconciliación y la democracia”.

Oposición Por su parte, Momade, su gran rival en la carrera por la Presidencia, ha pedido a la población estar vigilante el 15 de octubre: “después de votar, vayan a casa a almorzar y luego regresen a los lugares donde cada uno votó para controlar la urna, de lo contrario puede haber maniobras”, avisó el pasado día 5 en un mitin.

El líder de Renamo, de 58 años, también ha prometido más empleos para los jóvenes, el pago de buenos salarios a los funcionarios públicos y luchar contra la corrupción en uno de los países más pobres del mundo, pese a sus vastas reservas de gas natural.

Al margen del acuerdo de paz, Mozambique también acudirá a las urnas con un conflicto abierto en la norteña provincia de Cabo Delgado, donde opera el grupo yihadista Al Shabab, que no guarda relación con la organización terrorista homónima de Somalia.

Ese grupo, muy difuso en cuanto a liderazgo en intenciones, aterroriza, desde octubre de 2017, a la población de esa zona, rica en yacimientos de gas natural y petróleo y con concesiones a multinacionales como la italiana ENI o la estadounidense Anadarko.

Desde entonces, numerosos ataques armados y emboscadas se han atribuido a Al Shabab y han causado más de 300 muertos.

El presidente Nyusi ha llegado a admitir la impotencia de las fuerzas de seguridad para contener a Al Shabab en Cabo Delgado, donde se han registrado ataques durante la campaña electoral.

Según declaró la semana pasada en un encuentro con corresponsales extranjeros en Johannesburgo la experta en terrorismo afincada en Sudáfrica Jasmine Opperman, ese grupo ha cometido 115 ataques en lo que va de año que han causado 280 muertos.

Pese a que las fuerzas de seguridad mozambiqueñas insisten en que han tomado medidas para que se celebren las elecciones en Cabo Delgado, Opperman considera “una broma” pensar que los comicios van a tener lugar en esa zona. “Sencillamente, no va a ocurrir”, zanja.

Sea como fuere, trece millones de mozambiqueños están llamado a las urnas para decidir el rumbo político del país, que también llega a esta cita en medio de una crisis económica y cuando todavía se recupera del efecto devastador de dos ciclones, Iday y Kenneth, sufridos en marzo y abril de este año, respectivamente.

Ambos ciclones causaron más de 600 muertos y arrasaron unas 800.000 hectáreas de cultivo y 300.000 casas, entre otros daños materiales. EFE

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