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Luis Fuenmayor Toro: Las virosis, las epidemias y las críticas

Las infecciones virales tienen un comportamiento parecido en su desarrollo, sin importar el virus de qué se trate.

Esto no significa que los pacientes que las sufren tengan los mismos signos y síntomas, pues estos dependen de muchos factores: la acción del virus en el organismo y la respuesta del infectado, entre otras. Ni siquiera las virosis producidas por un mismo virus son iguales en las personas contagiadas: diferente intensidad, duración e incluso algunas no se enferman. Hay una variabilidad que no todo el mundo comprende, pues se trata de un tema especializado. Nuestras madres sabían que no era lo mismo el sarampión, la lechina o la rubeola. Y todas tienen exantema, fiebre y malestar general. Su sabiduría dependía de haber tenido hijos y sobrinos que las padecieron.

Ese conocimiento, sin embargo, llegaba hasta ahí. No alcanzaba al de las enfermeras, ni mucho menos al de los médicos; y el de éstos era menor que el de los médicos pediatras. Y esto lo que significa es que en la medicina, como en todas las disciplinas, existen distintos niveles de conocimiento, a los que no todo el mundo llega. En la medida que el conocimiento progresa y se hace más complejo, aparecen y se diversifican las especialidades, es decir la profundización del conocimiento en un área cada vez más restringida del mismo. Un especialista es alguien que cada vez sabe más de menos. Es así y no tiene vuelta atrás.

Las epidemias virales tienen también un comportamiento similar, no idéntico. Su inicio, desarrollo y desaparición, su letalidad, ocurren de acuerdo a ciertas reglas y patrones bien conocidos por los especialistas en la materia, y cuando esto no sucede se dice que ese desarrollo es atípico y hay que investigar las causas que lo determinan. Por ejemplo, una virosis poco contagiosa y que rápidamente generara la muerte de todos los pacientes, difícilmente se convertiría en una epidemia, pues no daría tiempo a que se produjera el contagio. Si en este caso aparecieran características epidémicas de esta virosis, se la consideraría como un comportamiento atípico que debe ser investigado. De eso se trata en el caso venezolano de la Covid-19.

Para los fanáticos del gobierno, el número bajísimo de casos de la Covid-19 ocurridos en el país, son producto de la mente brillante y conducción acertada del presidente Maduro. O dependen del bravo pueblo revolucionario que ha asumido la cuarentena con criterio patriótico y anti imperialista. Ellos lo creen así, al igual que cualquier religioso, por lo que no necesitan otra explicación. Esta creencia los lleva a rechazar, condenar y anatemizar cualquier duda al respecto. Quien quiera averiguar si realmente es así, utilizando el método científico, es un traidor a la patria, a quien el SEBIN debe hacerle “tun, tun”.

Para los otros fanáticos, los adversarios del gobierno, tampoco se necesita mucha investigación, ni mucha ciencia: El “rrrégimen” simplemente miente, engaña a la población y esconde los casos. Con ayuda de Cuba y de China, es decir del narco-castro-comunismo-terrorista-maoísta, han diseñado todo un sistema para esconder la epidemia y luego decir que triunfaron sobre la misma. Nada de lo que diga Jorge Rodríguez sería verdad, ni lo que otros afirmen, y algunos hasta habrán visto morir en las calles a cientos de personas infectadas por el SARS-CoV-2. Para este grupo, todo se resolvería si Juan Guaidó asume el poder por obra y gracia del ejército gringo. Entre ambas posiciones viscerales estamos y se pretende que obligatoriamente tengamos que estar y escoger un bando. Yo escojo el mío: Venezuela.